sábado, 9 de agosto de 2008

PRESENTACIÓN

" HOMBRES HUMILDES Y SENSILLOS PERO CON MAGNAS CAUSAS "
MANUEL AREVALO CACERES
Y
VICTOR RAUL HAYA DE LA TORRE
Hombres que dieron su vida por el Perú , por los grandes hechos y nobles causas pasaron a la inmortalidad porque nunca se rindieron he ahi un ejemplo para nosostros "Los estudiantes AREVALINOS" ,y jovenes en general del Perú y del mundo para alcanzar nuestros objetivos , para no dejar de pensar y soñar en nuestros ideales para ser optimistas aunque fueren las tempestades pisando siempre tierra
como dijo Victor Raul dirijiendose alos jovenes :
"JOVENES VAMOS ATRABAJAR JUNTOS EN LA CONSTRUCCION EN LA CREACION DE UN NUEVO PERÚ"

Victor Raul Haya de la Torre "Mensaje a los Jovenes"


BIOGRAFÍA

Arévalo es ejemplo. Nació en medio de una familia humilde, fue peón en cañaverales norteños desde los 13 años de edad y tuvo que abandonar la escuela por sólo 25 centavos de jornal diario que le servían para atender las necesidades de su angustiada madre, quien padecía de una penosa enfermedad.Aprendiz de mecánica, se comprometió con las jornadas de lucha por las ocho horas de trabajo y fue despedido. Se afincó en Trujillo, en el asiento minero de Quiruvilca, para finalmente, abrir un pequeño taller de mecánica en el “barrio Unión” de Trujillo donde integró el “Grupo Norte” con Antenor Orrego, César Vallejo, Alcides Spelucín y el propio Víctor Raúl Haya de la Torre, entre otros.Su sed de justicia lo llevó a los 23 años a enfrentar en Casagrande su primer pliego de reclamos, y a los 28 años, como parlamentario, a defender sin tregua a los trabajadores. Libró jornadas de lucha que encendieron la conciencia obrera y, en medio de la explotación gamonal en las haciendas azucareras, su voz también se alzó con el justo reclamo y organizando a los trabajadores. Hombre que le arrancó a la cultura el significado de la vida, fue un autodidacta que supo beber de la inteligencia de sus hermanos estudiantes lo mejor del humanismo, marcando la diferencia entre el simple reclamo y el sindicalismo solidario que lo llevó a la política casi simultáneamente con su primer conocimiento del aprismo. Fue un gran organizador de esa red que el pueblo orquestaba bajo el nuevo movimiento aprista y cuyo mandato se hizo imperecedero: “Fe, Unión, Disciplina y Acción”.Hizo política y se hizo político. Fue de los buenos, de esos que entregan su vida por las causas que los animan y enseñó con el ejemplo de su propia honestidad de que lado está el deber. Manuel Arévalo Cáceres, líder de los trabajadores organizados, hombre de pueblo, congresista y dirigente del aprismo, pagó caro el afecto de su pueblo. Salomón Arancibia, el mismo miserable que traicionó a Manuel “Búfalo” Barreto cuando la Revolución de Trujillo, también a él lo delató.Una tensa mañana del 15 de febrero del año 37, dos agentes del régimen de turno, entre el pueblo de Huarmey y Pativilca, en una zona llamada Colorado Chico, donde desde 1946 se yergue altiva y victoriosa una Cruz al lado de la carretera, le descerrajaron las balas que mataron por la espada sólo el cuerpo del hombre, pero sin poder matar a Manuel Arévalo, nuestro querido Manuel, un hombre cuya presencia y valor hacen falta ahora, sobre todo, para dignificar la política y elevar la moral pública.

MANUEL AREVALO CACERES

MANUEL AREVALO CACERES
La vida de Manuel Arévalo, es como diría Antenor Orrego, una de esas poderosas individualidades que surgen especialmente en épocas de cambio, cargadas de creación y de milagro. Sin embargo, la vida de Manuel Arévalo es una que tiene un rasgo anónimo, perdido, callado, excluido de nuestra historia republicana. Incluso olvidado e ignorado en su verdadera significación por muchos de los que integran las filas del movimiento por el que supo dar su juventud y su vida. No obstante, Manuel Arévalo es un hombre que nos pertenece a todos, pues su lucha no tuvo otro norte que el bien y la justicia social. Este trabajo de Juvenal Ñique no solo es un texto de homenaje a Manuel Arévalo. Es la biografía de un luchador social, de ayer, de hoy y de siempre, en su peripecia humana y en su entrega a una causa justa